Somos Paradigmas

Descubrir que todo, absolutamente todo, en la vida está basado en un paradigma fue muy interesante, debido a que creemos que las normas, leyes, procedimientos, buena conducta y demás elementos están regidos por sus propios estatutos, cuando realmente son los paradigmas los que marcan la pauta en todo.

La definición teórica de un paradigma indica lo siguiente: “Es ejemplo, arquetipo, patrón a seguir o modelo. Aluden aquellos aspectos relevantes de una situación que pueden ser tomados como un ejemplo”.

Basándonos en esta simple definición podemos afirmar que las creencias, comportamientos, expectativas y la mayoría de los cánones sociales están regidos por un paradigma. Muchas veces llegamos a un punto de nuestras vidas en el que cuestionamos estos patrones sociales y buscamos la forma de «romper» con lo establecido por la necesidad de generar un cambio. Sin embargo, no es tan sencillo como suena. A través de la experiencia he descubierto que los paradigmas jamás podrán romperse. No obstante, podemos modificarlos o adaptarlos a lo que más se adecúe a nuestro propósito de vida, pero nunca romperlo.

Esto se debe a que estos patrones están arraigados en nuestro ADN por nuestros antecesores. Desde el instante que nacemos estamos arropados por paradigmas. Generalmente los más «importantes» o los más grandes están establecidos desde hace siglos y se han mantenido vigentes hasta nuestros días en todo el mundo. Por ejemplo: las normas de convivencia en comunidad. Si un día sales de tu casa desnudo(a) es muy probable que esta acción pueda traer problemas con la comunidad (por no estar bien visto) o con la ley, debido a que esta acción es penalizada por las instituciones legislativas y judiciales del territorio donde vives.

Existen otros que, según la cultura, idiosincrasia y demás elementos que forman parte de un país, son modificados o ajustados a los objetivos de las generaciones actuales, como: el matrimonio, convivencia en pareja, la crianza de los hijos, los procesos de formación de empresas, objetivos a corto y largo plazo de las mismas, entre otros.

Hay que tomar en cuenta que, si bien existen patrones instaurados en el tiempo y otros pueden ser modificables, no quiere decir que tenemos el poder de imponer nuestro pensar o modo de ver las cosas, solo porque no estemos de acuerdo con los cánones establecidos. Para ello es importante aprender a identificarlos y según nuestro propósito u objetivo de vida modificar los que estén a nuestro alcance, pero debemos entender que esa transformación siempre estará dentro del paradigma mayor.

Según el autor Don Miguel Ruiz en su libro «El Quinto Acuerdo», señala que todo en la vida es subjetivo y afirma además, que la misma deriva de un paradigma. Al tener una conciencia crítica, que cuestiona el entorno y sus causas, logramos tener criterio propio; una forma de pensar, con inclinaciones, gustos y aficiones que son perfectas en nuestra concepción, pero también es válido que no lo sea en la misma medida o en absoluto para otra persona. El convivir con diversas ideas se basa en el respeto.

En mi caso particular me atreví a cambiar unos cuantos moldes o patrones y les aseguro que el camino no es fácil, pero cuando llegas a la meta es liberador. Me permití ser flexible en mi pensar bajo los los grandes paradigmas que rigen mi vida, escogí los que estuvieron a mi alcance para ser adaptados y me di el permiso de transformar muchas cosas en mi vida para mejor.

Un consejo: no pretendas cambiar la vida y el paradigma a nadie. Solo el esfuerzo puede llegar a ser muy frustrante.

 

Laura Lombardini

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